Vivir en la ciudad

  Llevo un rato ya riéndome yo sola en mi cuarto, no me he vuelto loca no, tengo motivos para reírme.
  Vivo en un piso en la zona universitaria de la ciudad, y cada ventana y terraza de mi piso da a la parte posterior del edificio y de otros edificios (unos ocho en total).
  Llevo un rato oyendo a dos vecinos de diferentes edificios, pero que al estar todos comunicados en sus partes traseras más el eco de hacer un hueco cerrado, todo se oye en magnitud. El caso es que hay una vecina por aquí dando golpes en su terraza mientras arregla algo, no alcanzo a ver el qué, y otro vecino, un chico joven, quejándose por los golpes. Todo esto es, cuanto menos, gracioso. El chico le grita a la señora mayor: “Señora que estamos en exámenes” y la señora le responde: “Sí, sí, tranquilo”, pero sigue dando golpes, a lo que el chico le replica y ella contesta sin parar de dar golpes, y así llevan ya una media hora.
El chico ya harto de discutir ha acabado gritándole: “Dale, dale, dale más fuerte”. La señora ha estado unos cinco minutos más dando y finalmente ha parado, supongo que habrá acabado ya.
No he parado de reírme con todo esto, de hecho he dejado de leer y prestado atención solo a este hecho, que me ha parecido de lo más gracioso por lo irónico del asunto, ya que estos mismos jóvenes que ahora piden silencio para estudiar (a las 12h del mediodía) son los que desde los jueves por la noche están haciendo fiestas en sus pisos y terrazas y no oigo a nadie quejarse por los alrededores.

En fin, como todo, vivir en la ciudad tiene sus comodidades y sus inconvenientes. 

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