Vivir en la ciudad

  Llevo un rato ya riéndome yo sola en mi cuarto, no me he vuelto loca no, tengo motivos para reírme.
  Vivo en un piso en la zona universitaria de la ciudad, y cada ventana y terraza de mi piso da a la parte posterior del edificio y de otros edificios (unos ocho en total).
  Llevo un rato oyendo a dos vecinos de diferentes edificios, pero que al estar todos comunicados en sus partes traseras más el eco de hacer un hueco cerrado, todo se oye en magnitud. El caso es que hay una vecina por aquí dando golpes en su terraza mientras arregla algo, no alcanzo a ver el qué, y otro vecino, un chico joven, quejándose por los golpes. Todo esto es, cuanto menos, gracioso. El chico le grita a la señora mayor: “Señora que estamos en exámenes” y la señora le responde: “Sí, sí, tranquilo”, pero sigue dando golpes, a lo que el chico le replica y ella contesta sin parar de dar golpes, y así llevan ya una media hora.
El chico ya harto de discutir ha acabado gritándole: “Dale, dale, dale más fuerte”. La señora ha estado unos cinco minutos más dando y finalmente ha parado, supongo que habrá acabado ya.
No he parado de reírme con todo esto, de hecho he dejado de leer y prestado atención solo a este hecho, que me ha parecido de lo más gracioso por lo irónico del asunto, ya que estos mismos jóvenes que ahora piden silencio para estudiar (a las 12h del mediodía) son los que desde los jueves por la noche están haciendo fiestas en sus pisos y terrazas y no oigo a nadie quejarse por los alrededores.

En fin, como todo, vivir en la ciudad tiene sus comodidades y sus inconvenientes. 

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El sentimiento es el lenguaje del alma


  Si quieres saber hasta qué punto algo es cierto para ti, presta atención a tus sentimientos al respecto. En tus más profundos sentimientos se encuentra la más grande verdad, nos comunicamos a través de nuestros sentimientos y pensamientos. Pero además a través de la experiencia.
  El pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría. Las palabras más claras son aquellas que encierran verdad. El sentimiento más Grandioso es el llamado amor. Alegría, verdad, amor.   
    La oración correcta no es nunca de súplica, sino de gratitud. Cuando damos gracias a Dios por adelantado por aquello que hemos decidido experimentar en nuestra realidad, estamos  reconociendo que eso está ahí… en efecto. Así pues, debemos orar agradeciendo.
  No debemos condenar todo lo que llamaríamos malo en este mundo, sino preguntarnos qué es lo cada uno considera malo y qué podemos hacer para cambiarlo.
  Debemos preguntarnos: << ¿Qué parte de mí mismo quiero experimentar ahora ante esta calamidad?>>. Porque todo lo que hemos vivido es una herramienta de lo que somos ahora, y todos los acontecimientos se nos presentan como una oportunidad para decidir y ser quienes somos.
  No debemos juzgar el camino de otras personas, puesto que no sabemos cómo calcula el éxito o el fracaso nuestras almas. Es decir, que si para una persona el éxito se base en tener riquezas materiales y para otra se base en tener paz interior, quién decide cuál está en lo cierto y cuál se equivoca, simplemente cada uno sigue un camino diferente. Nadie puede asegurar que su camino sea el acertado y el otro el equivocado. Por tanto, no juzguemos las decisiones de otros que han sido tomadas basándose en sus propias experiencias como nosotros en las nuestras.
  Se nos fue dado el libre albedrío, la oportunidad de hacer lo que nos plazca y experimentar los resultados de ello, y ésta es la mejor forma que poseemos de crearnos a nosotros mismos y Ser quienes Realmente Somos.
  Algo resulta correcto o equivocado sólo porque decimos que lo es. No es intrínsecamente correcto o equivocado. Mediante nuestros juicios subjetivos nos creamos a nosotros mismos; por medio de nuestros valores personales determinamos y demostramos Quienes Somos.
  Si puedes decir al mundo quién eres y en qué crees sin vacilaciones ni indecisiones, entonces eres feliz contigo mismo. 

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