El ego (De mi novela "La Verdad")


Nos encanta darnos palmaditas en la espalda cada vez que vemos a alguien que creemos que está peor que nosotros. Vemos a un vagabundo en la calle y le damos unas monedas, orgullosos de noso­tros mismos por haber hecho nuestra buena acción del día. O peor aún, no se las damos alegando que es un vago que no trabaja porque no quiere o que se las gastará en drogas, etc.
La sociedad ha ido creando unas reglas que cree éticas, basadas en el ego y el orgullo, y quien no cumple esas reglas al pie de la letra está loco, o es un vagabundo, o es pobre y un sinfín más de apodos que califican a los que simplemente son diferentes al resto. Cuando vemos a alguien hablando solo por la calle o abrazando un árbol, por ejemplo, nuestra primera reacción es reírnos, "qué loco está" nos dice nuestro ego. Pero si acalláramos a nuestro ego y escucháramos a nuestro ser, a nuestro YO más profundo, éste nos diría cosas bien distintas, por ejemplo: "qué valor tiene, no le avergüenza abrazar a un árbol a pesar de que todos le miran y se ríen". Todos oímos una vocecita en nuestra cabeza que nos habla sin parar y con la que mantenemos conversaciones larguísimas, la diferencia entre el "loco" y el resto es que él mantiene esas conversaciones en voz alta sin preocuparse por la opinión de los que le rodean.



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