Cultivar la humildad


  Aunque parezca una obviedad decir que en 2012 estamos demasiados ocupados, el significado de este hecho tan evidente es motivo de reflexión. Una de las repercusiones de esta situación es que perdemos una enseñanza de inmenso valor: la simple belleza de una acción pura, la que se hace por el placer de realizarla y con conciencia de su propósito manifiesto.
  Cuando hacemos algo por costumbre u obligación, con disgusto o de mal humor, o de manera mecánica, estamos infravalorando nuestra acción. Hacemos la colada de la familia con un propósito, para que todos tengan ropa limpia; pero si añadimos amargura a nuestro trabajo, lo despojamos de su dignidad y nos despojamos de la nuestra. Nos convertimos en lavandero enfadado, demasiado importante para una tarea tan humilde.
  Si hacemos el trabajo con atención, incluso con placer, disfrutaremos de las tareas cotidianas y nos dignificaremos al mismo tiempo.
  Gandhi dijo: “Lo que ofrece la tierra es suficiente para satisfacer las necesidades de cualquier hombre, pero no la codicia de cualquier hombre.”

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