Controlar nuestra ira.


  Cada día de lunes a viernes a las 8:45h de la mañana cojo mi moto y llevo a mi hijo al colegio. Es hora punta, aunque ya no se forman los atascos que formaban hace un par de años, sigue habiendo bastante tráfico, y situaciones que observo a mí alrededor me dejan perpleja.
  Observando al resto de conductores y viandantes deduzco quien llega tarde al trabajo o a dejar a sus hijos en el colegio. Los del segundo grupo me hacen reír, porque los veo corriendo y casi arrastrando a sus hijos a los que llevan cogidos de la mano. Los que llegan tarde al trabajo casi que me asustan. Con estos debo tener cuatro ojos a la hora de conducir, ya que mi hijo y yo vamos en moto con lo que somos más vulnerables.
  Veo a estas personas tan enfadadas desde tan temprano y me apena, si empiezan el día así de malhumorados no quiero ni imaginarme como les irá el resto de la jornada.  Los veo saltándose los semáforos en rojo, tocando la bocina del coche, escribiendo en su teléfono móvil, bajando la ventanilla para insultar a otro que va con la misma prisa y se les ha metido delante sin ni siquiera poner el indicador. De vez en cuando veo alguno limpiándose las fosas nasales y tengo que mirar hacia otro lado para poder reírme a gusto.
  Por todo esto hoy he decidido publicar en mi blog unos simples ejercicios para controlar nuestra ira. Para no dejar que nada ni nadie nos estropee el maravilloso día que tenemos por delante.
  Para ser unos buenos gestores de nuestra ira, debemos ser conscientes de las situaciones que nos provocan ese malestar.
  Podemos sentir rabia y simplemente reflexionar sobre aquello que nos la provoca.
  Nunca debemos actuar de inmediato, es mejor esperar y cavilar la mejor manera de afrontar las causas de nuestro enfado. Conviene ser conscientes de que la rabia no es una emoción negativa, sino que nos ayuda a hacer valer nuestros derechos y a cubrir nuestras necesidades. Es necesario no esperar a que se acumule la ira sino aceptarla, comprender los motivos que la han generado y actuar de la forma adecuada para mejorar nuestra situación.
                          
                                  Como gestionar el enfado.

                                              Atiende a tus necesidades.

  Ser consciente de la ira que experimentamos a lo largo del día es la mejor forma de tener esta emoción controlada. Darnos cuenta de todo aquello que nos molesta, saber qué situaciones o personas son las que nos hacen daño y ser conscientes de nuestras necesidades es la manera más sana de empezar a controlar nuestro enojo.
                                           
                                               Esperar antes de actuar.
  
  Cuando te invada la ira lo más beneficioso que puedes hacer es esperar antes de actuar. Contar hasta diez o practicar unas cuantas respiraciones profundas te ayudarán a controlarte. Alejarse físicamente de la situación conflictiva también puede ayudarte mucho. Tomarte un tiempo de reflexión y calma para analizar cómo te sientes y relajarte, te ayudará a no precipitarte con tu conducta.
  Debemos preguntarnos de donde surge nuestra ira y qué actitud solemos tomar que favorece esa rabia.
                                           
                                                 Transforma la ira en acción.

  Una vez que hemos identificado las causas que originan nuestra ira, debemos aprovecharnos de la energía que nos proporciona este sentimiento para hacer las cosas de forma diferente a como las hacíamos antes. Podemos aprovechar esta energía para decir “no” a algo que nos pidan y que no queremos hacer, o para pedir lo que necesitamos, denunciar algo que nos parece injusto, etc.
  Se trata de transformar nuestra rabia en actitudes y comportamientos nuevos que nos ayuden a vivir más tranquilamente y ser más felices estando en paz con nosotros mismos.
                                     
                                               Sé responsable de tus actos.  
  
  En una situación difícil, con mucha tensión, el impulso agresivo puede arrastrarnos a todos. Nadie desea insultar ni gritar, pero si sucede debemos asumir las consecuencias de nuestras acciones, porque el que recibe nuestra agresión también se llenará de ira contra nosotros y es probable que también se deje llevar por su impulso agresivo.
  Si nos hemos excedido con alguien debemos asumir nuestro error y pedirle perdón, o compensarle de alguna manera por haber actuado de tal manera y haberle incomodado.
                                                
                                                   Disuelve la revancha.
  
  Si otra persona se deja llevar su ira y nos grita o actúa mal contra nosotros, pagar con la misma moneda no es una buena solución, esto no arregla de  ninguna manera el conflicto, ya que actuar con ira solo genera más ira.
  Para disminuir los sentimientos negativos que nos puedan generar, puede ayudarnos pensar que la otra persona quizás lo está pasando mal, que puede tener problemas en su vida de los que no sabemos nada y esto le hace comportarse de una manera tan negativa y agresiva. Todos sabemos que una actitud agresiva no se llega a ninguna parte.
                                             
                                                       Desenmascara el dolor.

  Cuando nos sentimos muy enfadados, nos resultará muy positivo preguntarnos cuánto dolor o cuánto miedo contiene la rabia que estamos experimentando.
  Muchas personas tienen miedo a mostrar su enfado porque piensan que resultarán autoritarias y antipáticas, preocupadas en exceso por la opinión de los demás creen que serán rechazadas.
                                        
                                                Convertir los deseos en realidad.
  
  La preparación de este proceso consiste en cambiar nuestra manera de percibir la realidad, atendiendo a la máxima de que “si no vives como piensas, acabarás pensando como vives”.
  Si logramos ser conscientes de que con el poder de nuestra intención participamos activa y creativamente en la realidad, dejaremos de vivir como robots y adquiriremos un mayor control sobre nuestra propia vida. Una vida que se manifiesta, como cualquier otro proceso de crecimiento, de centrífuga, es decir, de adentro hacia afuera. Al contrario de lo que muchas personas creen o quieren creer, no nos hacen las circunstancias, nosotros creamos las circunstancias desde dentro. Si vivimos de una manera pesimista reafirmándonos en nuestras desgracias y en lo que mal que nos va, es normal que nos vaya tan mal y así seguirá todo hasta que cambiemos nuestra actitud hacia la vida y la realidad.
                                                
                                                          Disfruta el camino.
  
Se trata de ser feliz a través de nuestra renovada visión y compresión del mundo. Es entonces cuando los resultados externos aparecerán como puro reflejo de nuestro interior.
  Por eso el éxito no es una estación de llegada sino un viaje: no es tanto conseguir todo lo que deseamos como sentir la alegría y el optimismo que nos invaden cuando estamos en el camino de lograr aquello que tanto queremos y nos proponemos.
   Albert Einstein dijo: “la imaginación lo es todo;  es la vista previa de lo que la vida va a traer”. Unos le llamaban genio y otros simplemente loco, en mi humilde opinión si Einstein estaba loco, yo quiero estar igual de loca que él.
  Estas palabras de Einstein vienen a decir, a mi entender, que las cosas comienzan a existir desde que empiezan a crearse en nuestra mente. A todos nos ha ocurrido alguna vez, y más de una me atrevería a sentenciar, que hemos estado tranquilamente en casa y nos  ha venido a nuestra mente algún viejo amigo, y de una manera u otra recibir noticias de esa persona a lo largo del día o incluso en el mismo momento en que hemos pensado en él o ella.
  Esto no quiere decir que dejemos de ser realistas y miremos la vida exclusivamente con los ojos de nuestra imaginación. No se trata de sentarnos debajo de una palmera y esperar a que caigan los cocos. Se trata simplemente de cambiar nuestro interior para que cambie nuestro exterior.
  Es la ley de causa y efecto: “Toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa”. Nuestros pensamientos y nuestra energía son lo que proyectamos al mundo y lo que nos viene de vuelta. Si estamos lanzando continuamente energía negativa, malos pensamientos, malos actos, etc. No podemos esperar que nos venga de vuelta energías positivas por parte de las personas que nos cruzamos o que todo nos vaya de maravilla en nuestra vida. Esto sería como lanzar un boomerang y esperar que nos venga de vuelta un lingote de oro. 

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